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Loreto Valenzuela, decana Ingeniería UC: Aumento de mujeres en ingeniería

Revista Ingenieros 13 mayo 2026

Aumentar la matrícula no basta. Debemos preocuparnos también de la trayectoria completa: de que las estudiantes encuentren ambientes exigentes y colaborativos; de que cuenten con mentorías, apoyos y referentes; y de que puedan proyectarse profesionalmente sin que la maternidad, los cuidados o los sesgos implícitos se conviertan en obstáculos.

Durante décadas, la ingeniería fue un espacio que muchas mujeres miraban desde fuera. No por falta de talento o vocación, sino porque había menos referentes y oportunidades visibles. Hoy ese escenario está cambiando, y cada vez más jóvenes descubren en la ingeniería un lugar donde pueden desplegar plenamente sus capacidades y talentos.

Los datos del Proceso de Admisión 2026 lo confirman. De los 680 nuevos estudiantes que ingresaron a Ingeniería UC, un 30% son mujeres, y de los 112 que ingresaron a la Licenciatura en Ingeniería en Ciencias de la Computación UC, un 15% corresponde a mujeres. Son cifras que, aunque todavía insuficientes, marcan un avance sostenido que merece ser valorado y proyectado.

Cuando estudié ingeniería, las mujeres éramos muy pocas. Muchas veces no teníamos referentes ni redes que nos acompañaran. Por eso, cada punto porcentual que hoy crece la matrícula femenina no es solo una estadística: es una puerta que se abre para que más talentos aporten a los desafíos de Chile. Sin una ingeniería diversa y conectada con la sociedad, no podremos resolver los enormes desafíos de la transición energética, la gestión del agua, la transformación digital, la infraestructura resiliente al cambio climático o el desarrollo de la Inteligencia Artificial.

La evidencia es clara: los equipos diversos toman mejores decisiones, son más creativos y producen soluciones de mayor impacto. No se trata de un argumento retórico, sino de productividad y calidad. En un país que aún requiere mayor inversión en investigación, desarrollo e innovación, desperdiciar talento por razones de género es un lujo que no podemos darnos. Incorporar más mujeres a la ingeniería significa ampliar el conjunto de miradas, experiencias y capacidades que ponemos al servicio del desarrollo.

Pero aumentar la matrícula no basta. Debemos preocuparnos también de la trayectoria completa: de que las estudiantes encuentren ambientes exigentes y colaborativos; de que cuenten con mentorías, apoyos y referentes; y de que puedan proyectarse profesionalmente sin que la maternidad, los cuidados o los sesgos implícitos se conviertan en obstáculos. Esa brecha puede revertirse a medida que avanzan las carreras, pero requiere políticas, liderazgo y una cultura universitaria y laboral que entienda la inclusión como una inversión.

En este sentido, programas como Más Mujeres Científicas y los esfuerzos de las universidades por atraer y acompañar talento femenino son pasos en la dirección correcta. Pero el desafío es más amplio. Empieza en la educación escolar, continúa en la educación superior y luego en el mundo del trabajo. Si queremos más mujeres Ingenieras, necesitamos también más profesoras, más investigadoras y más líderes visibles que muestren que este camino es posible.

La ingeniería chilena tiene una larga tradición de servicio público y de contribución al bienestar. Hoy esa vocación debe expresarse también en la manera en que construuimos nuestras comunidades académicas y profesionales.

Una ingeniería más equitativa es una ingeniería mejor preparada para comprender la complejidad del mundo y para diseñar soluciones que respondan a realidades diversas.

El aumento de mujeres en nuestras salas de clases es una buena noticia para ellas y para todos. Es, en rigor, una oportunidad país: la de poner todo nuestro talento, sin excepciones ni exclusiones, al servicio de un desarrollo más justo, más innovador y sostenible para Chile.

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