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Entrevista

José de Gregorio, decano FEN

Revista Ingenieros 14 mayo 2026

“La tecnología da la velocidad, pero no la dirección. La capacidad crítica, el juicio ético y la intuición basada en la experiencia se vuelven entonces activos muy solicitados. Para no quedar atrás, un estudiante debe cultivar su capacidad de comunicación y persuasión”, José de Gregorio, decano FEN

En esta edición conversamos con José De Gregorio, decano de la Facultad de Economía y Negocios y profesor titular del Departamento de Economía de la Universidad de Chile. Desde una trayectoria marcada por la ingeniería, la economía y la gestión, aborda cómo se forman hoy los futuros líderes, qué exige un mundo cada vez más incierto y por qué el rigor, la capacidad crítica y la adaptación siguen siendo claves frente a la velocidad de los cambios. Usted viene de una formación de ingeniería (civil y comercial) y hoy lidera una facultad que cruza economía, negocios y gestión.

Usted viene de una formación de ingeniería (civil y comercial) y hoy lidera una facultad que cruza
economía, negocios y gestión.¿Qué le dio la ingeniería que todavía usa todos los días para tomar decisiones?

En primer lugar, quiero aclarar que siempre quise ser economista, pero a la vez me gustaban mucho, y hasta hoy disfruto, las matemáticas. Entré a la universidad en 1977, época en que las escuelas de economía estaban intervenidas ideológicamente y su nivel de rigor era muy bajo. Tuvo el costo de estudiar temas que no me interesaban y me retrasó un poco en mi doctorado, pero fue una gran decisión. Hoy en día, la situación es distinta y habría entrado directamente a ingeniería comercial.

En mi caso, noté que la ingeniería ayuda a formar una estructura mental que permite enfrentar y mirar un problema, identificar las restricciones y buscar la solución más eficiente de una manera muy particular. No por nada se dice que los ingenieros son cuadrados. Uno aprende a resolver una amplia variedad de problemas con gran rigor.

En economía, en la investigación, en la preparación de clases, ciertamente en la gestión de la FEN, y en todos los ámbitos de la vida, aplico eso a diario: rigor. Si no puedes medir el impacto de una decisión ni entender los
incentivos que estás creando, se está actuando a ciegas.

La ingeniería me enseñó a enfrentar la complejidad y a ordenarla. La parte tal vez más compleja y que se aprende a lo largo de nuestros estudios, y debo reconocer que mi doctorado en MIT fue clave, es formular los problemas, entender qué es lo que debemos resolver.

La FEN lleva años formando líderes en economía y negocios, pero el contexto cambió mucho. ¿Cuáles son hoy sus desafíos más grandes como facultad?

Efectivamente, dado que el mundo está en proceso de cambio no sólo permanente, sino que además los cambios son muy profundos, el desafío es formar a profesionales que sean capaces de comprender los cambios, asumirlos como desafíos y adaptarse a la nueva realidad que les toca. Antes, uno estudiaba para aprender a hacer algo específico; hoy, estudias para aprender a adaptarte de la mejor forma. El gran reto es mantener nuestra excelencia académica tradicional, pero integrando la flexibilidad que exigen las disciplinas que enseñamos.

En el mundo laboral, muy incierto que enfrentamos debido a la irrupción de tecnologías revolucionarias, creo que nuestras carreras están muy bien posicionadas para estos desafíos. Los temas que se cubren son amplios, se tratan con rigor y brindan un excelente background a nuestros graduados. De ahí que estemos, además, en constante proceso de actualización de las mallas de estudios. Incluyendo nuevas materias, retirando otras y dando la posibilidad de realizar, por ejemplo, Minors para complementar las especialidades, entre muchas otras iniciativas que van surgiendo de manera permanente.

Cuando alguien está decidiendo qué estudiar, compite la vocación, el futuro laboral, el prestigio y también la incertidumbre. ¿Qué hace que la FEN siga siendo una opción tan fuerte en ese escenario?

La FEN es una Facultad de alto nivel reputacional. De hecho, cuando decimos “FEN” la gente sabe que se está refiriendo a esta Facultad y no a otra, porque sí que las hay. Y una de las razones de que esto sea así, es porque nuestros profesionales, los de ahora y los de siempre, son nuestra mejor carta de presentación. Tenemos profesionales que se desempeñan en la más amplia gama de sectores. En la esfera pública, en la privada, en Chile o en el mundo. Y esto habla de qué es la FEN y de las posibilidades que tendrán quienes aspiran a desarrollarse profesionalmente y aportar en lo que decidan.

Somos, además, una facultad única en su especie. Tenemos una identidad muy potente: somos la Chile. Aquí convives con el país real. Esa mezcla de prestigio académico y una diversidad total que no encuentras en ninguna otra universidad, ni pública ni privada, es lo que finalmente te prepara para liderar organizaciones reales en el Chile real.

Más allá de la malla o los rankings, ¿qué tipo de sello le interesa que tenga alguien que sale de la FEN? ¿Qué lo/la distingue?

El profesional de la FEN, por lo general, es alguien que se atreve a pensar por sí mismo, que tiene bases sólidas y las mejores herramientas para trabajar, crear y seguir aprendiendo. Tienen, además, la sensibilidad para entender el entorno en el que operan y dar valor al mundo en el que les tocó vivir. Hoy se habla mucho de formación interdisciplinaria.

¿Qué tan importante es que un profesional de negocios entienda también de tecnología, sostenibilidad y cambio social?

Es imperativo, aunque bajo una premisa clara: la interdisciplina debe ser un complemento de la excelencia técnica y no un sustituto de ella. La formación de base debe ser rigurosa; de lo contrario, se corre el riesgo de una formación superficial que no permite entender, y menos aún resolver, problemas complejos. Sin embargo, en el escenario actual, un profesional que carece de competencias en análisis de datos o un gestor que ignora las dinámicas del cambio social, carece de las herramientas mínimas para la toma de decisiones estratégicas.

“Somos una facultad única en su especie. Tenemos una identidad muy potente: somos la Chile. Aquí convives con el país real. Esa mezcla de prestigio académica y una diversidad total que no encuentras en ninguna otra universidad, ni pública ni privada, lo que finalmente te prepara para liderar organizaciones reales en el Chile real” .

Hoy, los negocios y la economía operan en la intersección de la frontera tecnológica y la legitimidad social. Por ello, hemos impulsado un fortalecimiento muy relevante en esta área, incorporando a académicos e investigadores en tecnología aplicada y ciencia de datos, formados en las mejores universidades del mundo. Puedo decirlo sin exagerar, creo que en materia de ciencia de datos y negocios debe ser por lejos de lo mejor que hay en América Latina.

La IA es parte de la vida diaria. ¿Qué cree que cambia de fondo con la IA en la formación de los futuros profesionales?


Nuestra productividad ha cambiado de manera impresionante. Pero se debe considerar que la IA se está encargando de lo operativo y de procesar volúmenes de datos que antes nos tomaban semanas o tal vez más. Lo que cambia de fondo es que el profesional ya no será valorado por “saber hacer la planilla”, sino por saber qué preguntarle a la IA y qué hacer con los resultados. Nos obliga a elevar el nivel de abstracción y de estrategia.

Frente a ese avance, ¿qué capacidades humanas se vuelven más importantes?

Lo más importante y favorable de la IA es que es el mejor asistente que uno puede tener. Para un investigador es como tener de ayudante a alguien con un doctorado de primera calidad y capacidades extraordinarias. Pero es un asistente, no podemos pretender que nos reemplace; ahí nuestro aporte se acaba y somos reemplazables. En mi caso personal, la uso para todo: investigar, preparar clase y en la vida diaria, y siento que soy mucho más productivo. La tecnología da la velocidad, pero no la dirección. La capacidad crítica, el juicio ético y la intuición basada en la experiencia se vuelven entonces activos muy solicitados. Para no quedar atrás, un estudiante debe cultivar su capacidad de comunicación y persuasión. Las máquinas no lideran personas; los seres humanos sí.

¿Es verdad que la FEN está de “moda” entre los jóvenes?

Yo no diría “moda”, porque las modas pasan. Lo que tenemos es una excelente fama. Lo que hay es un reconocimiento a un proyecto que funciona. Los jóvenes son pragmáticos: buscan excelencia, pero también un ambiente pluralista y dinámico. La FEN se percibe como un lugar donde ocurren cosas, donde hay debate y donde el mérito se premia. Si eso se ve como estar “de moda”, bienvenido sea, pero detrás hay un trabajo institucional muy serio.

¿Qué ha hecho la FEN, a diferencia de otras facultades de la Universidad de Chile, para generar tanto interés de postulación?

Hemos sido capaces de modernizarnos sin perder nuestra esencia. Hemos gestionado la facultad con estándares de eficiencia muy altos, mejorando la infraestructura y los servicios para los alumnos. Entendemos que estamos en un entorno competitivo y nos hemos preocupado de que la experiencia de estudiar aquí sea la mejor. No nos sentamos a esperar a que los alumnos lleguen solo por el nombre o la reputación; salimos a buscarlos y les mostramos que somos la mejor opción para su futuro. Y, por sobre todo, cumplimos nuestro rol de enseñar con rigor y sin sesgos. Aquí se viene a aprender y pensar de manera muy libre y muy seria.

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