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Reportaje

Datos y mitos del Hidrógeno Verde

Revista Ingenieros 14 mayo 2026

El punto central es entender qué lugar podría ocupar Chile en esta nueva economía energética. “La economía del hidrógeno verde busca almacenar y transportar la energía solar y eólica para exportarla como moléculas energéticas”, explica Erwin Plett.

Al hablar sobre hidrógeno verde aparecen advertencias por su consumo eléctrico, dudas sobre el uso del agua y promesas de desarrollo. Erwin Plett, Presidente del Consejo de la Especialidad de Ingeniería Química y Biotecnología del Colegio de Ingenieros de Chile, plantea que el debate de fondo está en las decisiones que Chile deberá tomar si quiere convertir este potencial en una industria real.

Muchas veces hemos oído que el hidrógeno verde requiere de mucha electricidad, una frase que requiere contexto y perspectiva. “Es importante explicar que el hidrógeno verde es una de las varias tecnologías disponibles para almacenar electricidad renovable y si almacenamos mucho hidrógeno requerimos mucha electricidad”, afirma Plett.

Desde su mirada, la discusión debería centrarse en cómo usamos esa abundante energía renovable, porque no podemos exportar electricidad a ultramar. Convertir esa energía eléctrica renovable en moléculas energéticas verdes, como el hidrógeno o el amoníaco, exige una gran escala de industria. Para que una planta de este tipo sea económicamente viable, necesita desarrollar su propia generación renovable, de varios gigavatios.

En ese escenario, esta industria no compite con la demanda eléctrica que hoy tiene el país, es complementaria. Algo similar ocurre con el agua, uno de los puntos más sensibles del debate. “La preocupación por el uso del agua es legítima, pero muchas veces carece de contexto”, señala. Por ejemplo, para un vehículo con motor de combustión interna se requiere aproximadamente tres veces más agua en la refinación del combustible que la necesaria para producir hidrógeno verde para recorrer la misma distancia.

Más que negar el problema, la discusión técnica exige medir, contrastar y no quedarse solo con el impacto aparente. “Si hoy se quisiera reemplazar todo el diésel utilizado en la minería chilena por hidrógeno verde, se requerirían aproximadamente 0,2 m³/s de agua desalada, lo que equivale a cerca del 6% del agua que actualmente produce la planta desaladora de Escondida”, advierte Plett.

El punto central es entender qué lugar podría ocupar Chile en esta nueva economía energética. “La economía del hidrógeno verde busca almacenar y transportar la energía solar y eólica para exportarla como moléculas energéticas”, explica Plett. Y enseguida instala la pregunta clave. “Chile posee un potencial renovable equivalente a 110 veces su generación eléctrica anual. La pregunta es: ¿qué hacemos con ese potencial?”. Ahí aparece una discusión que es tecnológica, política y estratégica. La respuesta no pasa únicamente por producir y exportar. También obliga a pensar en cadenas de valor, industria local y visión de largo plazo. “La tecnología existe, el capital está disponible y el capital humano puede formarse. La interrogante es si contamos con una visión industrial de largo plazo”, dice Plett. En otras palabras, el desafío va más allá de generar hidrógeno verde, el verdadero desafío está en decidir si el país quiere usar esa energía para empujar nuevas capacidades productivas.

Levantar esta industria exige una coordinación público-privada sólida, capaz de ordenar infraestructura, permisos, inversión y formación de capital humano. En ese marco, el Plan de Acción de Hidrógeno Verde 2023-2030 aparece como una señal concreta, al reunir un esfuerzo inédito de coordinación entre ministerios y Corfo, con participación del sector privado. Por ahora, el mayor obstáculo sigue estando en las reglas del juego. “Si hay que priorizar, el factor más relevante es contar con una regulación clara”, advierte Plett.

En su diagnóstico, la incertidumbre regulatoria y la permisología impredecible siguen frenando proyectos y financiamiento. “El impacto más relevante es financiero. Los bancos e inversionistas necesitan certeza. Sin un cronograma claro, aumenta el costo de capital o, en muchos casos, el proyecto simplemente no alcanza la decisión final de inversión (FID)”, explica. Aun así, el escenario ya empezó a cambiar. Existen proyectos piloto operativos y otras iniciativas de mayor escala aprobadas ambientalmente. El hidrógeno verde, al menos en Chile, ya comenzó a dejar atrás la etapa del anuncio.

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